MORRIGANE AL DIA

Diario de actualidad y noticias relativas a Morrigane, grupo de rock celta granadino.

jueves, noviembre 27, 2008

hola de nuevo

Hola de nuevo, llevo mucho tiempo esperando una señal en el vacio, jajaja no ahora en serio, a quien pueda interesar, Morrigane va a dar su último concierto. Todavia queda. Ya iré (iremos)avisando. id preparandoos.

sábado, julio 29, 2006

EL GRUPO “FELPEYU” SUFRIÓ UN ACCIDENTE Y MURIERON DOS DE SUS MIEMBROS

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Noticias como esta duelen en el alma cuando son escritas.

Duelen por las vidas que ellos han perdido (y aquellas que habrán quedado destrozadas entre sus compañeros, familiares y amigos).

Duelen por la música folk, que pierde a unos músicos excepcionales, plenos de inspiración y técnica.

Duelen por el miedo que nos infunde la carretera a todos aquellos que la recorremos en mayor o medida (léase la reseña, un poco más abajo, este mismo blog, sobre el concierto de Mérida).

Duelen porque si a uno le gusta y toca esta música, es en parte por ellos: por su ejemplo, por su valentía, por su constancia y tesón.

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El pasado 24 de junio de 2006, la carretera se cobró las vidas de Carlos Redondo e Igor Medio, dos de los integrantes del grupo asturiano de folk “Felpeyu”, una de las bandas que más ha contribuido a revitalizar los sonidos tradicionales del Principado desde su fundación hace 15 años.

Los dos músicos fallecidos eran naturales de Gijón (Asturias) y viajaban con los otros seis componentes de la banda hacia Barcelona, donde iban a dar su próximo concierto. La noche anterior habían actuado en Corvera (Asturias).

La furgoneta en que viajaban volcó tras salirse de la calzada de la autopista AP-68 —por causas que se desconocen— a la altura de Zuya (Álava). El impacto provocó lesiones fatales a Carlos e Igor, que fallecieron prácticamente en el acto, mientras que el resto de componentes del grupo que viajaban con ellos corrió mejor suerte (aunque al menos tres de ellos presentaban heridas de gravedad). Tras el accidente, fue necesaria la intervención de los bomberos ya que varios de ellos estaban atrapados entre los hierros del vehículo siniestrado.

Igor era uno de los dos miembros más antiguos del grupo. Creció en un entorno de canto coral y canción asturiana -que sus padres y familia desarrollaban- y tuvo estudios de música clásica y experiencias con el blues/rock antes de empezar con la música folk, desarrollando un estilo personal y ecléctico de arreglar e interpretar la música tradicional asturiana. Empezó tocando guitarra y mandolina, pasándose después al bouzouki como su instrumento principal; también se ocupaba de la voz principal y hacía coros.

Carlos era el miembro del grupo con la mayor y más variada experiencia profesional, como músico, profesor, productor e ingeniero de sonido, aunque era más conocido por haber sido cantante y bajista del legendario grupo de pop-rock Los Locos. Trabajó intensamente en la música pop-rock antes de enrolarse en la música folk en los primeros 90, produciendo entonces a unos cuantos grupos asturianos, entre los cuales estaba Felpeyu; a los que se unió justo después de producir su primer disco, Felpeyu, en 1994. Tocaba la guitarra, el bajo eléctrico, y también se encargaba, junto a Igor, de la voz principal y los coros.

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En mi nombre y en el de todo Morrigane, lo único que podemos decir es que nos sentimos horrorizados ante este trágico accidente, que nos solidarizamos con el dolor de sus familias, de sus compañeros de grupo y de sus amigos; y que elevamos desde el fondo de nuestras almas una sincera y sentida oración por todos ellos.

Agustín, en el nombre de todo Morrigane.

viernes, julio 28, 2006

¡DE NUEVO VOLVIMOS A TOCAR EN MOTRIL!

¡Y de nuevo en la Plaza de la Aurora! El pasado 24 de junio de 2006 tuvimos de nuevo la dicha de tocar en Motril, y de nuevo conseguimos que las cosas saliesen muy bien… ¡en el estreno de Raúl como baterista de Morrigane!

…Y no hace falta decir que Raúl causó sensación (algo más que sensación, diría yo). ¡Lo de este chico es puro espectáculo! Ya desde la sonorización, pudimos comprobar seriamente que algo había cambiado con respecto al año pasado (en realidad, que habían cambiado muchas cosas; pero eminentemente, el concepto de “batería” para los temas de Morrigane).

Desde su incorporación, habíamos tenido muchos ensayos con Raúl, y habíamos visto el nivel de asimilación que atesora. También habíamos visto su técnica y rotundidad —aunque tal vez “agresividad” sería un calificativo más adecuado cuando uno le ve tocar.

Sin embargo, aún nos quedaba la incógnita sobre cómo sonarían los temas en una actuación en directo. Acostumbrados como estábamos a las baterías de Jesulito, se nos hacía “raro” (por lo menos a este que escribe) oír la “particular interpretación” de Raúl.

Y, para ser franco, la verdad es que no nos sentíamos inseguros, ni inquietos, ni nada por el estilo. Si hay algo que Raúl transmite desde el primer momento que se sienta detrás de la batería, es SEGURIDAD. Así, con mayúsculas. Sabes que no va a fallar. Puede que te sorprenda con algo diferente a lo que siempre has oído, no sólo con respecto a las baterías que Jesulito tocaba; sino con respecto a lo que has oído de él en el ensayo (aunque tiene completamente aprendidos nuestros temas, aún no los tiene completamente fijados en cuanto a su forma de “personalizarlos” dentro de lo que cabe). Pero sabes que no va a dar un palo a destiempo, que va a mantenerte la pulsación, y que se sabe la estructura de los temas al dedillo.

Pienso, pues, que nuestro principal sentimiento era curiosidad. Era comprobar en primera persona cómo reaccionaba el público frente a un despliegue baterístico como el de Raúl, y cómo “sentía” uno —encima del escenario, en una situación de concierto— los cambios y los nuevos desarrollos. Vamos: comprobar en la práctica si “funcionaba” el invento.

Y funcionó.

¡Vaya que si funcionó! Raúl se metió al público en el bolsillo, lo envolvió en un celofán de aplausos, le puso un lacito rojo de espectacularidad, y nos lo ofreció en una bandeja de plata al resto de compañeros como regalo de incorporación a Morrigane. ¿Y qué íbamos a hacer nosotros? ¿Rechazarlo? ¡Claro que no!: lo aceptamos con mucho cariño, lo pusimos en el mejor rinconcito de la estantería de nuestro corazón, lo adornamos con toda nuestra entrega y mejor hacer, y lo enmarcamos de música. Ése fue nuestro concierto de Motril.

Bueno, vale, ya sé que eso es resumir mucho, jejeje. Sigo contándoos cosas:

En torno a la organización: que el único, genial, personal e intransferible Enrique Acosta (nuestro representante en Granada) de nuevo proporcionó la idea del “camerino móvil” (la rulotte perfectamente adecuada para servir de camerino, situada junto al escenario). Que tuvimos que hacer “cena en dos tiempos” (parte del grupo cenó justo antes de la actuación, y parte justo después de la misma —no nos daba tiempo a esperar que nos sacaran la fritura de pescado, y nos la tuvieron que calentar tras la actuación—). Que echamos de menos —por segundo año consecutivo— que el promotor del evento (el Excmo. Ayuntamiento de Motril) ponga a disposición del grupo que actúa una plaza en el aparcamiento público que está debajo de la plaza (o que podamos dejar la furgoneta detrás del escenario)… Y que por favor, rogamos faciliten al grupo de turno el acceso a un WC público! ¡Nos meamos! (¡o algo peor!). ¡Socorro!

Como ya he dicho antes, a nivel musical, la cosa marchó muy bien. Fue un concierto muy completo, con una “carreta” (u orden de los temas) un tanto “sui géneris”, pero que nos funcionó perfectamente. A nivel individual, quiero resaltar el fenomenal concierto que dieron Angie y Raúl. De éste último ya hablé al principio de este comentario; y de la primera tengo que decir que estuvo muy segura en todos los temas, poniéndole mucho arte y mucho corazón, y que se lanzó a bailar (¡como una campeona!) en cuanto tuvo ocasión (Nota del Autor: cuando escribo estas líneas, ya hemos terminado los conciertos que hemos podido dar gracias a su sobresaliente colaboración, puesto que nuestro nuevo compañero violinista, Alberto, ya se nos ha incorporado; así que desde aquí te envío un beso enorme y un abrazo de oso, chiquilla. Espero que nos veamos pronto, y que nos queden muchas pintas de Guinness por levantar y con las que brindar. En esta ocasión, yo levanto mi pinta y digo muy orgulloso: ¡por una violinista y una amiga genial; por Angie, con mucho agradecimiento!).

El resto del grupo también funcionó como un engranaje muy bien engrasado. José Carlos tenía la garganta a punto (¡más que a punto! —¡desde que dejó de fumar está que se sale!—) y el “cuerpo en jota”, sin parar de moverse y con sus habituales artes para ganarse al público. Juan Antonio estaba por su banda de estribor tanto guiando como dando la réplica a Angie, y convirtiéndose en el puntal y bastión de virtuosismo y espontaneidad que desde hace tiempo viene apuntando dentro del grupo: su presencia en escena vuelve a dejarse notar con rotundidad. Mientras, en la banda de babor, Iván y yo nos enfrascábamos un interminable juego de apoyos rítmicos y riffs rockeros, de complicidad y compañerismo en el escenario. Para nosotros este concierto significaba también un importante reto, pues ya no contábamos con los muy socorridos apoyos de la guitarra acústica o la mandolina: volvíamos (curiosamente, un año después, y en el mismo lugar) a ser los Morrigane de secciones rítmicas/armónicas entre guitarra eléctrica y bajo. Y de nuevo la magia funcionó, y entre los dos creamos un entramado de apoyos tan limpios como intrincados. Iván ha crecido muchísimo como músico e instrumentista, y sobre todo en su capacidad de asumir —con cada vez más naturalidad— responsabilidades y liderazgos en el escenario. Creo que entre los dos existe, además, cada vez más confianza, más compenetración y más “conexión musical”. Y evidentemente, eso se nota en la evolución de Morrigane, sobre todo en su puesta en escena.

Por último, pero no “lo último” (sino más bien lo primero), os quiero dar las gracias a todos los que estuvisteis allí y nos disteis vuestro apoyo. Es muy difícil para un grupo este tipo de conciertos en los que “tienes que enganchar” a un público que, en muchas ocasiones, simplemente pasa por la plaza donde estás tocando. Pero vosotros ya es la segunda vez que nos respondéis de la misma forma: simplemente sois formidables. Increíbles. Geniales.

Yo, personalmente, tengo razones familiares y sentimentales que me vinculan a Motril. Allí me siento como “tocando en casa”. Pero quiero expresaros, en nombre de todo el grupo, que ellos se sienten de la misma forma. Y os expresamos igualmente todo nuestro agradecimiento por vuestra respuesta. Os llevamos en el corazón.

Una cosa más: desde aquí queremos daros especialmente las gracias a todos los que os pasasteis por el camerino, después de la actuación, para comprar nuestro CD o simplemente para felicitarnos. Gracias de verdad: nos llenáis el alma de alegría y nos recompensáis por todo el trabajo realizado para poder llegar hasta vosotros. Fuisteis muchos, y estuvisteis muy simpáticos y cariñosos con nosotros. Pero esta vez, en especial, por su simpatía, por su sonrisa (¡iluminó la noche dejando pálida a la Luna!), por que ella y su amiga nos compraron sendos CD’s, y por el mensaje que nos dejó en nuestro libro de visitas, quiero enviar un beso y un abrazo de oso a Elisa: eres un auténtico primor, chiquilla. ¡Espero que nos veas pronto de nuevo, gracias por ser como eres!

En cualquier caso, solo me resta decir lo mismo que en el artículo que escribí en la primera ocasión que tuvimos la felicidad de tocar en Motril: ¡si vosotros queréis más Morrigane, nosotros queremos mucho más Motril! ¡Esperemos que pronto estemos allí de nuevo! ¡Gracias, Motril!


Agustín, en el nombre de todo "Morrigane".

jueves, julio 27, 2006

PARA MORRIGANE ES UN HONOR PRESENTAROS A… ¡RAÚL, NUESTRO NUEVO BATERISTA!

Pues sí: pocos días después de la marcha de Jesulito, y ante la inminente proximidad de los conciertos que se esperaban, tuvimos que buscar rápidamente un reemplazo adecuado. ¡Y lo encontramos!

Realmente tuvimos un golpe de suerte. Teníamos que “salir del paso” como fuese, para poder dar los conciertos de junio/julio; y eso implicaba buscar a un baterista de mucho nivel con su instrumento y de una enorme capacidad de trabajo y asimilación. Nuestro primer impulso (y así estuvimos planificándolo) fue buscar varios bateristas, que tuviesen libres algunas de las fechas de nuestros conciertos (para poder complementarlos entre sí), e intentar hacer “ensayos intensivos” para conseguir la perfecta conjunción con el resto del grupo. Parecía una misión ardua, pero sabíamos que lo podríamos hacer.

Sin embargo, aquí fue cuando uno de los bateristas a quienes les propusimos el proyecto fue a Raúl Fernández Márquez (uno de los músicos de mayor renombre y proyección de la escena musical granadina; quien, por ende, es un muy buen amigo de nuestro guitarrista Iván). Y no solamente aceptó la idea original con mucho agrado, sino que incluso nos dijo que le encantaba nuestra música, que se sabía perfectamente nuestros temas del disco (que le compró a Iván cuando salió), y que le gustaría formar parte de Morrigane. Nos informó que tenía ya “apalabrada” una de las fechas de nuestros conciertos (la de Vélez de Benaudalla, el 22 de julio); pero nos comunicó que si queríamos hacer el resto de conciertos con él, no habría ningún tipo de problema.

…Nosotros flipábamos en colorines. Y como es natural, aceptamos. “De cajón”, además.

Así pues, nuestro nuevo compañero ha pedido y aceptado ser parte “fija” del grupo, aunque seguirá formando parte de los grupos en los cuales se haya inmerso en la actualidad (Canker, Morior Ergo Sum y Arkhetype). Además colabora en los proyectos Cochon y Dragon Power. Y además es batería en una orquesta “de pachanga” (dicho desde todo el respeto, y para que nos entendamos). ¿Le quedará tiempo para Morrigane? Él nos ha asegurado que sí, y por las excelentes referencias que Iván nos ha dado de él (y por los primeros pasos que ya ha dado con nuestro grupo, a la hora de escribir este artículo —N. del A.), le tenemos por una persona con una indudable implicación y palabra. Y por un profesional de su instrumento.

¿Se convertirá Morrigane en el primer grupo de Celtic-Traka-Metal? Miedo me da, jejeje… Pero claro que no: Raúl sabe perfectamente cuál es la onda de Morrigane, y creemos que poco a poco se irá adaptando a nosotros, desarrollando otras vías de expresión instrumental que le complementarán y expandirán su faceta más “dura”; todo ello sin perder su propio “toque”, su increíble técnica, y su inagotable energía musical. Creemos que en Morrigane tiene todo un campo artístico “virgen” por delante; y una oportunidad para cambiar su actual registro musical, sin dejar de ser él mismo.

De esta forma, nuestra banda vuelve a estar formada por seis miembros (como mucho tiempo lo estuvo, antes de que entrase Rafa en nuestra banda). Morrigane sigue adelante. Y esperemos que por muchos años.

Desde estas líneas, en mi nombre y en el de todos mis compañeros, le doy a Raúl nuestra más sincera bienvenida; y depositamos en él todas nuestras ilusiones de colaboración, entendimiento y… de pasar muchísimos buenos ratos haciendo lo que más nos gusta: música.

Que es de lo que se trata a fin de cuentas.

Brindemos por Raúl: ¡BRINDEMOS!

Agustín.

(Nueva nota del Autor: a la hora de escribir este artículo, Raúl ya ha tocado con nosotros en Motril, Benalúa y Mijas… ¡Y ya ha triunfado más que el Avecrem, el muy cabrito!).

miércoles, julio 26, 2006

RAFA Y JESULITO YA NO FORMAN PARTE DE MORRIGANE

Desde el día 8 de junio, Rafael y Jesulito ya no forman parte de Morrigane. El primero fue expulsado por el grupo ese día; y el segundo (conocedor de que su expulsión también podía ser inminente) decidió renunciar con anterioridad a ese momento.

En el caso de Rafael, y como ya se ha hecho notar en artículos anteriores, su expulsión podía titularse “Crónica de una muerte anunciada”. Si bien desde hacía tiempo las relaciones del resto de Morrigane con él se habían ido arruinando progresivamente, la decisión de su expulsión se había retrasado en todo lo posible; intentando completar un ciclo que hubiese abarcado todos los conciertos de verano. Incluso el propio interesado había declarado su intención de abandonar el grupo una vez terminase dicho ciclo. Pero no pudo ser. Tras los acontecimientos acaecidos con anterioridad al —y durante el— fin de semana de Serón/Mérida, la situación terminó de degenerar hasta volverse insostenible, y se acordó —por unanimidad del resto de integrantes de Morrigane, salvo Jesulito— su expulsión inmediata.

En lo musical, se había hecho patente una cada vez más grande diferencia de concepción compositiva y de ejecución por parte de Rafael con respecto a la del resto del grupo. Así era, por ejemplo, en lo relativo a la imposición de la mandolina y la guitarra como voz principal en ciertas composiciones; en la continua “revisión” de temas cuya composición y arreglo el resto de integrantes daban por finalizados por desde hacía tiempo; en la sonorización y en el volumen de sus instrumentos tanto en el ensayo como por monitores en concierto (que variaba ostensiblemente desde que se realizaba la prueba de sonido hasta el propio concierto); y otras razones similares. Pero incluso así, si no hubiesen mediado otras tantas series de factores, quizá podría haberse intentado llegar a soluciones de compromiso.

Sin embargo, también desde hacía mucho tiempo se estaban produciendo por parte de Rafa muchas (demasiadas) irregularidades en la asistencia y puntualidad al ensayo (que ya eran recurrentes, pues el año anterior también se habían producido); así como un continuo entorpecimiento de los ensayos en sí mismos (demasiadas paradas y rupturas del ritmo de ensayo, y diferencias ostensibles de su rendimiento de ensayo por razones extra-musicales). Incluso se llegaron a dar casos de impuntualidad en situaciones críticas, como en la salida desde Granada hacia algún concierto o la hora del inicio de una sonorización.

En lo personal, ya se habían producido numerosos roces con otros miembros, especialmente con José Carlos y Juan Antonio; con quienes la comunicación con Rafael se hacía especialmente difícil.

Pero uno de los puntos de más fricción (como pudo demostrarse en la preparación y desarrollo de los conciertos de su último fin de semana como integrante de Morrigane) fue la faceta organizativo/administrativa. Ya teníamos algún precedente (como es el hecho de que aún no hayamos cobrado el concierto de Vera, el cual había sido concertado y del cual estaba encargado Rafa; cuya negociación fue muy discutible, cuya concreción fue nefasta, y de cuya gestión posterior hemos tenido más que serias dudas sobre su labor; en buena parte por el secretismo con que el que realizaba dichas gestiones).

Ya en la presentación de nuestro CD tuvimos (sobre todo, éste que escribe) serias divergencias con respecto a la opinión de Rafa sobre la organización del evento. Y como recordaréis los que leéis estas reseñas, ya tuvimos muchísimos problemas ocasionados por el reparto indiscriminado de invitaciones por su parte.

También habíamos tenido precedente (el año pasado) a la hora de dar por segura la gestión de una furgoneta de alquiler para trasladarnos de concierto, que a ultimísima hora se “cayó” como por arte de magia. Pues bien, este año se volvió a repetir una situación parecida.

En el caso de “Serón/Mérida”, se había buscado —por parte de este servidor y de José Carlos— tanto un conductor (nuestro buen amigo Abraham) como un transporte alquilado adecuado a la situación (con capacidad para 8 personas y equipo, cosa muy difícil de encontrar). Pero Rafael se había opuesto enérgicamente, alegando que él podía conseguir para la ocasión un transporte similar con conductor, todo ello por la mitad de precio. Recordando el precedente, se le replicó que “mejor era pagar más por algo seguro…”; pero él arguyó que “eso era dinero, y que él no iba a poner un duro de más”. Por tanto, se le dio la potestad de negociar y concretar el transporte.

El sábado 3 de junio teníamos el concierto de Serón (del cual también hablaremos ahora). Pues bien, el martes 30 de mayo Rafael nos comunicó que “podía haber problema con la furgoneta y el conductor, porque éste se había clavado una espina en un dedo, pero que tal vez se pudiese resolver”. Inmediatamente, y ante el cariz que tomó la situación, de nuevo tratamos José Carlos y yo de contratar la furgoneta que habíamos buscado… pero ya era muy tarde y estaba alquilada. El jueves día 1, Rafael nos dijo que “sin su conductor/propietario, la furgoneta no se movía; pero que quizá pudiese venir, si la mano se le ponía mejor” (todo esto, ¡2 días antes del concierto!). El propio jueves por la tarde solicitamos a todos los miembros del grupo que buscasen un coche y un conductor que —por un módico precio— quisieran llevar a parte del grupo: por fortuna, Angie se puso en contacto con Víctor y éste le confirmó su disponibilidad. Rápidamente, alquilamos otra furgoneta (para 6 personas y carga), y Abraham nos confirmó igualmente su disponibilidad para conducirla (incluso cuando ya tenía otros compromisos, que tuvo que dejar de lado como pudo).

Y así pudimos partir para Serón dos días después. Y aquí viene otro “quid” de la cuestión.

Tras el “fiasco” del concierto de Vera, se le solicitó a todos los integrantes que, para la contratación de este tipo de eventos, se tuviese en cuenta que la negociación siempre debería acabar en “blanco y negro” (es decir, con un contrato por escrito, no solamente verbal); y respetando siempre las condiciones “estándar” del mismo. Y que sólo mediante un consentimiento expreso por parte de TODO el grupo se podría cambiar esta condición.

Pues bien, desde el primer momento en que Rafael nos dijo que le habían llamado de Serón (mes y medio antes de la fecha de actuación, aproximadamente), empezaron los “ocultamientos”, los “peros”, los “inconvenientes” y la chapuza. En primer lugar, y hasta que pudimos enterarnos por nosotros mismos, creímos que Rafael había buscado el concierto “activamente”: pues no, le habían llamado preguntando por el grupo. Luego después no tuvimos claro quién contrataba y organizaba el evento, hasta que nos pudimos enterar por nosotros mismos (no sé si porque Rafael no se enteraba, o porque quería ocultarnos lo que él siempre dio en llamar “sus fuentes”). Al principio pareció un concierto más; pero luego resultó que TENÍAMOS NOSOTROS QUE PONER NUESTRO EQUIPO SIN POR ELLO COBRAR NI UN DURO MÁS, SINO BIEN AL REVÉS, COBRANDO POR DEBAJO DE NUESTRO CACHET; cosa que a Rafa le parecía muy bien —y al resto del grupo muy mal—. Rafael argüía que “así lo hacíamos cuando tocábamos en algún pub”, y que “la vida del músico es así”. En nuestra opinión, tocar una noche en un pub de Granada o La Zubia, es muy diferente a ir a un pueblo de la provincia de Almería para hacer un concierto al aire libre dentro de una feria auspiciada por un ayuntamiento; y en cuanto al argumento de la “vida del músico”, sólo podemos decir que, por desgracia, cuando uno acepta “tocar por las migajas y poner el culo” es cuando se consigue joder la vida del músico, porque se infravalora uno y le quita el pan a los músicos profesionales (que tienen que tocar “por lo que haya” puesto que hay quien está dispuesto a hacerlo así).

Las cosas se pusieron muy tirantes, y se le dijo a Rafa que no íbamos a tocar en Serón. A final de cuentas, teníamos noche de hotel reservada en Mérida y nos parecía una tontería desperdiciar la oportunidad de llegar tranquilamente y descansados a dicha ciudad, poder conocerla bien a la mañana siguiente, etc. Y sobre todo, no nos gustaba lo que veíamos de la negociación del concierto de Serón.

Posteriormente, Rafa nos dijo que había conseguido que cobrásemos nuestro cachet; y que la organización pusiera un muy buen equipo (casi todo completo, habían aceptado nuestro “rider de escena” —el documento donde se especifican las necesidades de escenario y equipo del grupo—). “Tan sólo” tendríamos que llevarnos nuestra mesa de sonido y que la sonorización la hiciese José Carlos (¿y por qué tenía que pringarla él? ¿Por qué teníamos que variar nuestras condiciones de contratación?). Pero Rafael alegó que ya tenía cerrado el trato, que si no lo hacíamos era una putada para él, que se había estado comiendo el marrón, que con su nombre no se jugaba, etc. Al final, aceptamos a regañadientes hacer el concierto para no tener más follón, y porque el nombre de nuestro grupo estaba de por medio. Eso sí, pusimos como condición que se redactase y firmase contrato estándar, que a esas alturas aún no existía. Y lo peor es que tuvimos que avisar a la organización de Mérida que renunciábamos a la noche de hotel que nos habían ofrecido.

Una semana antes del concierto, y tras reiterados avisos a Rafa, seguía sin existir el contrato. Y decidimos plantarnos con Rafa: sin contrato no íbamos. Dos días después es cuando Rafa, tras haberle ofrecido en numerosas ocasiones (la primera fue cuando tuvimos noticia de que podíamos tocar en Serón, un mes y pico antes) enviarle un contrato redactado, ¡entonces es cuando me pide que le envíe un contrato! Sin comentarios. Al día siguiente, nos dice que la organización no nos podía proporcionar el “catering” solicitado (agua embotellada en cantidad, dos docenas de refrescos, y una botella de ron: ¡qué gran dispendio!), y que ya verían qué se podía hacer con respecto al camerino. Casi estuvimos de nuevo a pique de enviar el tema al carajo; pero ahora sí que el nombre del grupo estaba definitivamente de por medio. Dos días antes del concierto (y ya hemos visto lo que estaba ocurriendo con el transporte) Rafael nos dice que el contrato está firmado y en su poder (eso sí, curiosamente no lo vimos hasta el propio día del concierto).

Pero es entonces, dos días antes del concierto, cuando José Carlos se pone en contacto con la persona que ponía el equipo de sonido para concretar los últimos detalles, fijar una hora de prueba de sonido, etc. Y podemos imaginarnos su cara cuando la situación resultó ser bien distinta a la “acordada” por Rafael: no había manguera desde la mesa hasta el escenario, no había monitores… ¡sólo se había acordado un pequeño equipo de P.A. y algunas luces! José Carlos “flipaba” en colores.

Finalmente, tras la conversación que mantuvieron José Carlos y esta persona, y poniendo la mejor voluntad por ambas partes, se consiguió llegar a una solución de compromiso. Eso sí, en parte íbamos “a la aventura”, a ver qué se podía hacer allí.


El resto está escrito en la reseña del concierto de Serón.

Un último detalle (pero creo que muy significativo) de la situación es la negociación del concierto en la Hospedería del Saliente (en la provincia de Almería) para este año. Como recordaréis, el año pasado ya estuvimos tocando allí (podéis ver la reseña en este mismo blog); y fue un concierto maravilloso. Precioso de verdad.

La negociación, el año pasado, la llevó Rafa y, aunque cobramos “casi a precio de pub”, decidimos hacerlo porque el dueño era amigo personal de Rafa, y porque éste nos había dicho que “merecía la pena tocar allí” (efectivamente, merecía la pena conocer dicho enclave: es una preciosidad, aparte de un remanso de paz —desde aquí lo recomendamos fervientemente a quien quiera disfrutar de unos días de relax y descanso—).

Sin embargo, este año Rafa (que es quien lleva la programación musical de la Hostería del Saliente) nos dijo de tocar allí, pero que el dueño sólo podría pagar un precio incluso muy inferior al del año pasado. Automáticamente le respondimos que no; que le agradecíamos su oferta de corazón al dueño (y en verdad es así), pero que sinceramente por dicho precio no nos podía merecer la pena el alquiler de la furgoneta, el viaje, etc. Y aparte, porque tocar en un sitio por un precio inferior al del año pasado (cuando además la retribución fue inferior a nuestro cachet) no nos parecía lógico.

Rafa nos dijo, días más tarde, que había hablado con el dueño y que tal vez se pudiese llegar a un entendimiento monetario. Nosotros le dejamos claro a Rafa que iba a ser muy difícil, pero quedamos en hablar directamente con el dueño, y así explicarle la situación: hablando se entiende la gente.

Cuál no sería nuestra sorpresa cuando, estando merendando en Serón, antes de la prueba de sonido, vimos unos folletos de promoción turística de la zona (Serón está cerca de El Saliente), ¡en los que estaba publicada ya nuestra actuación!… Así son las formas de “hacer las cosas” de Rafa.

Creo, en cualquier caso, que la “muerte de crónica anunciada” (es decir, la expulsión de Rafa) tiene justificación más que sobrada. A pesar de todo, en la reunión que mantuvimos el jueves 8 de junio, Rafael no estuvo de acuerdo con la decisión que habíamos adoptado unánimemente el resto de integrantes (salvo Jesulito, de quien hablaré a continuación), y la consideró “una putada” puesto que “había estado trabajando todo el invierno, para que se le echase justamente cuando podía ganar dinero con los conciertos”. Y quiso dejar constancia de que "habíamos terminado muy mal". Comprendemos su punto de vista. Aunque él no comprenda el nuestro.

Y en cualquier caso, desde estas líneas le deseamos sinceramente la mejor de las suertes tanto a nivel musical como a nivel personal. Con su expulsión, perdemos a un músico muy polivalente y que imprimía a Morrigane unas posibilidades y un matiz que nos hubiese gustado mucho explotar. El magistral toque de su guitarra flamenca, la prestancia de su mandolina y su magnífica ejecución en la guitarra acústica van a ser muy echadas de menos en nuestro grupo.

Pero su postura a nivel musical y personal, su clara deficiencia (a nuestro entender) en el compromiso de trabajo de ensayo, y su forma “más que particular” (también a nuestro entender) de realizar trabajos de organización, contratación y gestión; no podían ser aceptadas por el resto de integrantes de Morrigane, ni tan siquiera al coste de su pérdida. Manteniéndole en el grupo perdíamos perdíamos mucho más. Incluso arriesgábamos la estabilidad y permanencia del grupo. De ahí su expulsión.

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Por lo que respecta a Jesulito, en torno a su marcha, y tal y como he descrito al principio del artículo, solamente hay que decir que él ya había estado hablando con José Carlos al respecto (el día antes de la "reunión" en que se expulsó a Rafa); y que una vez puesto al corriente de su situación, ya había anunciado que a él no haría falta echarle. El famoso día ni tan siquiera se había llevado la batería al local. Y cuando llegó, nadie le preguntó tampoco por qué: ya sabíamos, como lo sabía él, que estaba fuera del grupo.

Tampoco voy a dejar de señalar que no hubo consenso en el grupo sobre la expulsión de Jesulito (aunque no voy a entrar en más detalles, como comprenderéis). En cualquier caso, una vez que la decisión se tomó, fue ya la decisión del grupo en global; y frente a eso ya no cabe discusión ninguna. Morrigane permanece unido.

Las razones para la expulsión de Jesulito se retrotraían también a muy atrás en el tiempo, y estaban relacionadas tanto con su posición musical (Jesulito tiene una concepción muy libre sobre el arreglo y la ejecución de los temas, y una postura muy diferente sobre la evolución musical que preferiría para Morrigane); como con su postura personal (tanto en la teoría como en la práctica) sobre la actitud a seguir en los ensayos y en los conciertos (en completa contradicción con lo que pensamos y hacemos el resto del los componentes de Morrigane).

Además, desde lo ocurrido con Jesús Caro (nuestro ex-violinista), las divergencias de Jesulito con respecto a algunos miembros del grupo estaban muy patentes; mientras que su relación con Rafa se había estrechado por su afinidad personal y musical. Al conocer que se había tomado la decisión de expulsarlos tanto a Rafa como a él mismo, prefirió él dar el paso y anunciar su marcha.

También en el caso de Jesulito perdemos a un gran músico. Tengo que decir que, personalmente, me encanta su “toque de batería” y su forma de interpretar los temas de Morrigane (si bien su “libertad” de comportamiento/ejecución nos volvía locos muchas veces —incluso, en ocasiones muy difíciles de solventar—). Sigo pensando que, cuando realmente quiere y se encuentra en las circunstancias adecuadas, es el batería más creativo, fiable y elegante que uno se puede echar a la cara. Y tengo que decir que es mi amigo. Pienso que se ha equivocado en algunas decisiones, pero tengo que decir que las respeto porque él es así, y porque es coherente con lo que piensa. Nadie le puede acusar de mala fe ni nada por el estilo; tan solo se puede decir que Jesulito es Jesulito.

Y desde aquí le envío un abrazo. ¡Suerte en tus nuevos proyectos, socio!


Agustín.

¡MÉRIDA: NUESTRO PRIMER CONCIERTO FUERA DE ANDALUCÍA!

Para Morrigane, como para cualquier grupo, salir a tocar —sea donde sea— siempre es “un sueño”. A final de cuentas, si uno forma parte de una banda, es para intentar que tu música llegue (y guste) tan lejos y ampliamente como sea posible. Por eso, una espinita que teníamos clavada era la de nunca haber salido a tocar fuera de nuestra Andalucía.

Realmente, por distancias y por proximidad con otras regiones, ya teníamos muchos kilómetros dentro del cuerpo. Por poner un ejemplo, los conciertos que dimos en Nerva (Huelva) y Vera. Así, Nerva está al ladito de la frontera portuguesa y al ladito de la frontera extremeña (allí ganamos el “Pirita Rock” de la Diputación de Huelva). Y, por la “otra banda” de Andalucía, Vera está ya pegando a la frontera de Murcia (allí tocamos el año pasado, y allí es de donde, a la hora de escribir estas líneas, aún no hemos cobrado la actuación ---ya le vale a la organización de “Veractiva”, joers).

Pero nunca habíamos cruzado “esa fronterita” andaluza.

Pues bien, este verano lo hicimos. Y además, lo hicimos en uno de los sitios más bonitos y cargados de Historia de toda España. Y además con un concierto precioso, y con una gente encantadora tanto en la organización como en el público. Y esto es lo primero que quiero remarcar, desde luego; porque nos habían contado maravillas de los emeritenses, pero todo lo que nos habían dicho se quedó muy atrás con respecto a la realidad, puesto que todos los que conocimos allí fueron mucho más que hospitalarios y simpáticos: fueron simplemente GENIALES. Gracias de todo corazón a Mérida por el trato que allí recibimos. ¡Esperamos volver muy pronto, ¿eh?!

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Entrando ya en “la reseña”, tengo que decir que, después del concierto de Serón —la noche anterior—, la verdad es que andábamos un poquito justitos de sueño, y un pelín cansadillos. Y sabiendo —como sabíamos desde tiempo atrás— que esto iba a ser así, y que teníamos que volvernos esa misma noche —por razones laborales referentes a Juan Antonio—, habíamos tenido la precaución de buscar conductores para el trayecto desde Granada a Mérida y vuelta a Granada (cosa que estuvo pendiente de un hilo por la “dubitativa” actuación de Rafa, como ya comentaré en un próximo artículo). Pero en cualquier caso, pudo ser. Y fue una decisión muy acertada. Quizá esto sea uno de los grandes “hándicap” de los músicos “no-reconocidos-comercialmente”: que no nos podemos permitir que nos lleven y nos traigan. Por decirlo claro: la puta carretera.

Para la gran mayoría de los grupos (como antes he dicho, aquellos “no-consagrados” comercialmente) y para muchas de las “orquestas” de pachanga que tocan en ferias y en la BBC (Bodas, Bautizos y Comuniones), la carretera es uno de nuestros peores escollos y miedos. Quizá algunos de vosotros que hayáis asistido a alguno de nuestros conciertos os lo hayáis podido parar a pensar; pero supongo que la mayoría de las personas que nos ven tocar entre las luces y el humo artificial, no se lo han planteado nunca: para la gran mayoría de los grupos como nosotros, tocar encima del escenario no es sino la “punta de un iceberg” que empieza mucho antes y acaba mucho después del escenario. Y dentro de ese iceberg de preparación de un concierto, y de ese post-concierto, suele haber mucha carretera y manta. Muchos kilómetros. En algunas ocasiones, distancias “tan solo” de 100 o 200 Kms. (hablo únicamente de ida, lo cual significan 200-400 en un día, contando con la vuelta). En otras ocasiones, 400 o 500 kilómetros. Y si los hados son propicios, y te llaman desde la otra punta de España (o desde Francia, o Suiza, o…), pues te puedes chupar perfectamente jornadas enteras de trayecto.

Un trayecto que sueles hacer, en bastantes ocasiones, después de otro concierto la noche anterior. Y contando con el mejor de los casos, es un trayecto que tienes que hacer de ida (cuando aún estás casi fresco —“tan sólo” has tenido que desmontar el equipo del ensayo y encajarlo en la furgoneta: si alguien lo ve fácil, que venga a ver—)… pero también es un trayecto que también tienes que hacer de vuelta. Es decir, cuando uno ya está agotado. Sin sueño (eso es condición “sine qua non”: lo contrario sería suicida y asesino, algo criminal), pero cansado. Muy cansado, a veces. Y con ganas de llegar a casa o a donde sea que pueda uno descansar.

Y ¡oye!, que llevas una furgoneta cargada (hasta los topes algunas veces —el que tenga experiencia comprenderá lo diferente y difícil que es conducir tan cargado—). Pues eso, que llevas una furgona cargada de material… y sobre todo, de vidas: la tuya propia y las de tu grupo.

Cuando te pones en camino, sabes que el peligro puede estar en cada curva. Y no sólo por causa de un fallo humano tuyo, o de un fallo mecánico de la furgoneta. Ya ha visto uno a tantos hijos de puta jugándose a los dados su vida y las de los demás (incluyendo la tuya propia) que sabes que no todo depende de ti o de que no te reviente una rueda (o cualquier cosa así).

Porque tú puedes intentar ir a tu ritmo, manteniendo la prudencia, el control… Pero en cualquier cambio de rasante o en cualquier recta de la autovía te puede venir la parca montada en un Golf, o en un BMW, o en una furgoneta con la baca cargada de fardos recubiertos de plásticos. Cuando ves que ha pasado de largo (algunas veces por los pelos), lo más que puedes hacer es soltar el aire contenido durante unos segundos, aflojar los dedos (blancos de tanto apretarlos al volante en esos instantes) y darle gracias a Dios de que no te haya tocado a ti. Porque sabes que, de todas formas, esa parca se llevará a alguien por delante; no sabes ni cómo ni cuándo, pero sabes que lleva “muerte” escrito en la matrícula. Eso sí que lo sabes. Tanto, como que en el DNI o en el pasaporte de su conductor/a, el nombre escrito pone “Lucía”, “Manuel” o “Muhammad”; pero que bajo las letras hay una calavera invisible escrita en un aura de un raro y oscuro transparente. Esa misma que ves envolviendo su vehículo. Lo ves, y recuerdas el cuadro de Gustave Moreau: “La Parca y el Ángel de la Muerte”. Y es que Lucía, Manuel o Muhammad montan un caballo que, cuando se estrella, se convierte en muchísimos kilos de hierro que se incrustan en la carne: que matan. Pero ellos no se dan cuenta de que lo que conducen son casi dos toneladas de metal… cuando una bala pesa sólo unos gramos. Gramos suficientes para segar una vida. ¡Cuánto más, entonces, esa tonelada y pico de chatarra convertida en una guadaña de cuatro ruedas!

Como sabréis algunos, tras la marcha de nuestro ex-violinista, Jesús, sólo quedamos en el grupo Juan Antonio y yo como conductores. Espero que en muy poco tiempo Iván se nos una, en cuanto termine de sacarse el permiso. Y —por fortuna— también conduce el que va a ser nuestro nuevo compañero y violinista fijo, Alberto (desde ahora lo puedo anunciar, y posteriormente haré una reseña), aunque hasta después del verano no se va a estrenar al volante. En cualquier caso, puedo decir —no sé si pecando de falta de modestia— que creo que tanto Juan como este servidor somos muy buenos conductores. Pero también digo que puede estar uno cansado, después de un día de trabajo que continúa con mucha carretera, con una prueba de sonido, con un concierto en el que lo das todo, con recoger de nuevo todo el equipo y meterlo en la furgoneta, y… de nuevo a la carretera. Lo sigo diciendo: son muchos kilómetros y mucho cansancio.

Nota del Autor: como éste y los siguientes artículos están escritos a finales de Julio –perdón por el retraso—, incluyo aquí una apostilla que aún no había sucedido cuando dimos el concierto de Mérida. Y es que hace poco tiempo, el día 24 de junio, tuvimos que asistir completamente horrorizados (para estarlo así hace falta experimentar las circunstancias) al accidente que sufrieron nuestros compañeros asturianos del grupo “Felpeyu” por las carreteras de Álava, cuando se dirigían a tocar a Barcelona. Y aunque a continuación voy a escribir una humilde —pero muy sentida— nota de condolencia y solidaridad en nombre de todo nuestro grupo, no quiero dejar pasar de expresar ya desde este artículo nuestro más sentido pésame por la pérdida de Carlos Redondo e Igor Medio. Ni dejar de decir que esta profesión/afición de ser músico tiene más muertos sobre el asfalto que sobre el escenario. No conozco exactamente las circunstancias ni los motivos del accidente (y en ningún caso quiero decir que fuese por cansancio, ni por ninguna razón en particular), pero sí sé que como a ellos, nos puede tocar a cualquiera de los grupos/orquestas que recorremos las carreteras siempre que tenemos trabajo. Porque es mucho tiempo en la carretera. La puta carretera.

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Os pido perdón por haberme (como siempre) salido de la crónica del concierto; pero es que hay ciertas cosas que también forman parte de las vivencias de un grupo, que pueden hacer que nos entendáis mejor, que pueden acercarnos a vosotros; y que merecen la pena ser escritas, descritas y reflexionadas. Perdonadme, en cualquier caso… Sigo con la reseña:

Eran las diez de la mañana del 4 de junio cuando salimos de Granada. Nuestra “expedición” consistía en una furgoneta alquilada y un coche particular. La furgoneta estaba conducida por nuestro buen amigo Abraham —que ya ha aparecido muchas veces en estas líneas; y que de nuevo se prestó gustosamente a oficiarnos de conductor (lo de este chico no tiene precio: ¡gracias de verdad, Abe!)—. Ocupábamos el resto de asientos Juan Antonio, Iván, José Carlos y el gañán que escribe estas notas del grupo —o sea, Agustín, un servidor—; y también llevábamos los instrumentos y pertrechos. El otro coche pertenecía y estaba conducido por un buen amigo de Angie llamado Víctor —¡muchísimas gracias también a ti, Víctor!—, y en el resto de asientos estaban la propia Angie, Jesulito y Rafa.

Aunque cada coche fue por su cuenta (decidimos que era mejor que cada vehículo fuese a su marcha y con independencia), curiosamente los ocupantes de ambos vehículos almorzamos en la onubense localidad de Santa Olalla del Cala (aunque a horas diferentes, puesto que los del coche llegaron y partieron bastante antes que los de la furgoneta). Y si bien Angie y Jesulito me contaron profusamente que los ocupantes del coche habían almorzado genial, de lo que sí puedo dar fe y hacer constar “en acta de primera persona” es de que el grupo de la furgoneta devoró (literalmente hablando: “aquello era un infiennnnno”) una reponedora comida a base de gazpacho, ensalada, carne y huevos. “Casi ná”. ¡Pero vamos, que la carne de ibérico de Santa Olalla “fue mucho”, oiga!

En cualquier caso, digamos que llegamos a la hora convenida. O mejor dicho, los de la furgoneta llegamos casi puntuales… ¡porque los del coche no estaban allí! ¿Dónde se habían metido? Iban con bastante antelación… Durante un momento empecé a temblar, pero fue sólo hasta que les llamé por teléfono y me confirmaron que se habían pasado de Mérida, y que estaban regresando por la carretera. ¿?¿?¿? ¡Juaaaaaaaaaajajajajaja! En fin, al cabo de unos 20 minutos ya los teníamos con nosotros.

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En Mérida hacía un calor de los que podríamos llamar “finitos”. Vamos, que si ponías un huevo en el escenario, más que freírse, cristalizaba. Pero bueno, ya nos habíamos visto en alguna ocasión incluso peor (tampoco nuestra tierra es conocida por su verano polar), y con mucha agua fresca y buen humor, tiramos adelante.

Tocábamos en la Feria del Libro de Mérida. Y el espacio del evento (tanto el entorno de la feria como el escenario en sí) estaba muy bien preparado y organizado; habiendo sido situado —por si faltaba algo— en un marco tan precioso como acogedor para un concierto: el Parque de los Enamorados. Además, la empresa de espectáculos “Indalo” (eran los encargados de todas la cuestiones técnicas y de management de la feria, además de ser quienes sonorizaban el concierto) resultó ser de primera, con un equipo humano de auténtico lujo (profesionales, cordiales, atentos a todo lo que pudiese surgir, aportando soluciones…) y con un equipo material muy bien compuesto y resuelto… ¡y en perfecto estado, cosa que no suele ser demasiado habitual! Desde aquí queremos saludar y enviar un “abrazo de oso” a Indalecio y a Juan, que estuvieron a la altura de la gran profesionalidad y calidad humana que atesoran.

Quizá por esta probada profesionalidad, la prueba de sonido resultó muy ligera y tranquila… ¡salvo para Iván! Desde el comienzo tuvo problemas a la hora de sonorizar la guitarra: zumbaba terriblemente. Primero pareció que podía ser un problema relacionado con la toma de tierra del escenario; posteriormente dio la impresión de ser un problema de los cables; luego algo relacionado con el transformador de la pedalera de efectos; a continuación se creyó que sería problema del amplificador. Por último, y una vez que el resto de variables quedó descartada, se llegó a la conclusión (contrastada con la experiencia) de que el fallo estaba en la conexión interna de la guitarra. Iván sacó su “segunda guitarra” (menos mal que Iván y este narrador siempre nos llevamos un segundo instrumento cada uno, “por si las moscas”), y el problema quedó solucionado (por cierto, que de vuelta a Granada, José Carlos echó una mano a la reparación, y la guitarra quedó arreglada).

Tras la prueba de sonido, tuvimos el tiempo justo de darnos una muy pequeña vuelta. Ya estaban cerrados los monumentos (los horarios de visita no entienden de pruebas de sonido), así que nos quedamos sin poder contemplar muchas de las más hermosas maravillas emeritenses; pero simplemente el paseo ya mereció la pena. Me pareció (y esto es simplemente una impresión personal, pero que “sentí” allí) que Mérida tiene ese “ambiente” humano pero cosmopolita que a uno le gusta tanto. Tiene sabor. Mucho sabor. No es la típica ciudad “como todas”. Llamadme sentimental, tontorrón, o lo que sea; pero durante unos momentos me imaginé visitando la ciudad con mi Anuska: ella, aparte de su trabajo, estudia Historia. Ama la Historia (como yo, debo añadir). Y creo que disfrutaríamos como locos en Mérida. Me imaginé allí de visita con ella: por el día, comentando la Historia y los monumentos de la ciudad; y por la noche, paseando por unas calles y plazas que rezuman sentimientos por cada poro de sus paredes y arcos, que susurran leyendas desde sus ventanas, que inspiran palabras al viento y se prenden en el alma. De vuelta en el Parque de los Enamorados (hasta el nombre me gusta) me prometí a mí mismo que tengo que volver (¡con mi Anuska!). Seguro. Y si puedo volver también con Morrigane, mejor que mejor.

La organización, fantástica hasta el último detalle, nos procuró improvisadamente —pero bien— de cenar. Y aunque tengo que decir que siempre nos encontramos las cosas bien dispuestas y “todo a punto” en cada evento donde está presente la mano de nuestro representante en Granada (¡el único y genial Enrique Acosta!); también es cierto que en Mérida nos encontramos con una organización de auténtico “chapeau”. ¡Va por ellos!

Con el último bocado salimos a afinar instrumentos y cambiarnos de ropa rápidamente. A la hora convenida saltamos al escenario. Y de ahí en adelante, puedo decir que todo fue muy bonito: qué fácil se hace tocar y disfrutar cuando las personas que tienes delante te apoyan y participan de tu música, cuando se hacen parte del concierto, cuando suman en vez de inhibirse, cuando te reciben bien hasta que no se demuestre lo contrario (en vez de recibirte “con la ceja alzada” hasta que demuestres lo contrario, como ocurre en muchos otros sitios). (Nota del autor: dado que, como antes he mencionado, tanto éste como los siguientes artículos están escritos a finales de Julio –perdón de nuevo por el retraso—, puedo establecer aquí una comparación al respecto: véase el artículo del festival “Benarock” para ver lo hostil que pueden ser, a veces, público y ambiente).

A nivel musical, creo que tuvimos un concierto con un buen nivel, en el que fuimos progresivamente “de menos a más”, aumentando poco a poco la contundencia —salvo el “St. Charles’ Isle” con el que iniciamos la actuación—. Pero tras esta pieza, empezamos tranquilos, con el “Bran’s Eternal Sail”, el “A Beira do Mar”, etc. A medida que nos animábamos viendo la respuesta que nos ofrecíais los que allí estabais, fuimos subiendo de registro. Y terminamos dando caña como unos locos, con nuestros “bises” más representativos, el “Brindemos” y nuestra particular versión de la BSO de “El Último Mohicano”. Al final de los dos bises, cuando nos reunimos para el saludo final, nos llevamos uno de los aplausos más generosos y bonitos que jamás nos hayan dedicado.

La verdad es que nos dejamos allí el pellejo a base de tocar, saltar, bailar (Angie y un servidor nos dimos nuestros buenos pases de danza), cantar y sudar la camiseta. Y de sonreír. Mereció la pena, porque teníamos delante un público que participaba de nuestra música, que hacía palmas, que respondía con fuerza y simpatía a los malabarismos vocales de José Carlos en el “Norte & Sur”… Había gente de todas edades y condiciones, y cada uno respondió a su manera, pero todos magníficamente. ¡Incluso se vendieron bien nuestros CD’s tras el concierto! Y lo más importante: recibimos muchas muestras de cariño en los camerinos: hubo muchos de vosotros que quisisteis venir a saludarnos y felicitarnos por nuestra actuación… Y como siempre digo, esa es nuestra “gasolina”, la que nos impulsa a seguir adelante. ¡Gracias, gracias de verdad a todos!

A la vuelta, carretera y manta de nuevo. Tan sólo quiero reseñar (en plan enigmático, tal vez algún día lo cuente por aquí) que Juan Antonio se trajo un recuerdo “muy especial” de la Ciudad de Mérida; y que los ocupantes del coche recibieron una última felicitación, igualmente “muy especial”. Y es que la noche está tan loca como llena de sorpresas.

Llegamos a Armilla (donde tenemos nuestro local de ensayo) rayando las luces del alba. Y por unos minutos se nos pasó el horario para poder descargar nuestras cosas, así que tuvimos que llevarnos a casa los instrumentos y bártulos. Cuando Juan Antonio y yo dejamos en casa al resto de compañeros y devolvimos la furgoneta alquilada, ya era de día bien entrado. Había sido un fin de semana muy largo, empezado en Serón y continuado en Mérida; pero realmente terminaría cuatro días después en el local de ensayo, con la expulsión de Rafa y la marcha de Jesulito.

Aunque eso es ya otra historia, y otra reseña.

Y esta la quiero terminar con la alegría de nuestro concierto en Mérida.

¡Graciasssssssss, Méridaaaaaaaaaa! ¡Esperamos volver muy pronto! ¡Os llevamos en el corazón!


¡Un abrazo de oso en mi nombre y en el de todos los que formamos Morrigane!


Agustín.

miércoles, julio 05, 2006

EL PRECIOSO (Y HELADO) CONCIERTO DE SERÓN… Y EL “NON PLUS ULTRA” PARA RAFA EN MORRIGANE

Hay veces en las que, por muchos factores que se interpongan, salen muy buenos conciertos. Y el de Serón fue uno de ellos. Creo que los que allí se concentraron para asistir a nuestra actuación se lo pasaron tan bien con nosotros, como nosotros con ellos. Así que, desde ese punto de vista (que es el que realmente importa), el de Serón fue un concierto maravilloso.

Sin embargo, y como señala el título de este artículo, la actuación de Serón también marca el “punto de no-retorno” para Rafael como integrante de Morrigane. Aunque este final llevaba tiempo viéndose venir (podría también titularse “Crónica de una muerte anunciada”, como la genial novela de García Márquez), la verdad es que los factores que desembocaron en el “embrollo organizativo de Serón” terminaron de precipitar la decisión de expulsar a Rafa de nuestro grupo.

Pero de la expulsión de Rafa (y de la consiguiente marcha de Jesulito de Morrigane) tendré oportunidad de hablar en un próximo artículo. Vamos al concierto de Serón, prescindiendo de otros “factores externos” que serán oportunamente aclarados.

Lo primero que tengo que decir: ¡qué frío hacía en Serón, Dios mío! ¡No me extraña que sus jamones tengan la extraordinaria fama que tienen! (Y dicho sea de paso, como tuve la oportunidad de probar este manjar… ¡puedo aseverar que no desmerece en absoluto de dicha fama! ¡Qué rico!).

Para explicar por qué pasamos tanto frío, tengo que decir que fuimos a Serón demasiado confiados: la verdad es que en Granada ya llevábamos varios días/semanas de “verano adelantado”, y que no conocíamos mucho las peculiaridades del clima de esta localidad. Así que el que más y el que menos fuimos “como si el concierto fuese en la playa”. Y bien que lo pagamos.

Menos mal que solemos ir más o menos prevenidos. En mi caso, toqué con una camiseta de manga larga (que siempre echo por si las moscas), y dos camisetas de manga corta puestas una sobre otra (siempre llevo dos, para cambiarme antes/después del concierto). Es decir, triple camiseta. Y a Dios gracias que los focos dan calorcito… que si no, aquella noche fenecemos, jejeje.

El escenario estaba montado en la plaza mayor de Serón, y para más señas bajo el techo de un lateral porticado de la plaza, abierto por los lados longitudinales (uno da a la plaza; el otro es un precioso balcón desde el cual se divisa la localidad, puesto que la plaza está en la meseta superior de una escarpadura que se eleva sobre el pueblo). Así, para llevar el equipo hasta el escenario, ¡se sube —desde la calle donde dejamos la furgoneta— en un ascensor hasta la plaza! Por cierto, que la plaza en sí es una preciosidad: coqueta, bien cuidada…

…¡Y llena de atracciones y actividades para los más jóvenes: nuestra actuación allí se insertaba en las actividades de la feria SerónActiva! Así que el ambiente en la plaza era festivo, bullanguero y desenfadado: una delicia (aunque, realmente, no sean las mejores condiciones para hacer una prueba de sonido, jejeje).

Debido al emplazamiento del escenario y del “área del público” (todo ello bajo el pórtico antes señalado), tuvimos que cambiar sobre la marcha la idea de sonorización a realizar, reduciendo mucho la potencia necesaria para evitar ecos y realimentaciones. Y gracias a Dios que las circunstancias fueron esas y la sonorización no requirió grandes cosas (para más señas, véase el artículo sobre la expulsión de Rafa). Precisamente por la cantidad de ecos y rebotes existentes en la zona porticada, hubo que afinar mucho en la sonorización, y echarle mucho rato (y mucha moral). Desde luego, no podremos nunca agradecer lo suficiente que José Carlos sea un muy experimentado técnico de sonido.

A la hora convenida, tras una cena “de emergencia” por lo larga que había sido la prueba de sonido, y pegando botecitos para ver si el cuerpo entraba en calor, iniciamos la actuación. Al principio parecía que el público congregado estaba tan frío como nuestros dedos, pero la solución para ambas cosas era la misma: tocar más y mejor. Y muy pronto, tanto los aplausos del público como el virtuosismo de mis compañeros hicieron acto de aparición.

Ya he comentado alguna vez que el calor y la participación del público en una actuación es una “varita mágica” para Morrigane. Y que el hechizo funciona como una retroalimentación: cuanto más recibimos, más damos; cuanto más damos, más recibimos… Y así se cierra un círculo que, más que vicioso, yo calificaría de “peligrosamente adictivo”: puede uno terminar tocando bises hasta que nos vengan de la organización a decir “no más”, o puede uno romper más de una tabla del escenario a base de pegar botes, o puede uno terminar desfondado tras la actuación (sin poder mover más músculos de los estrictamente necesarios —justo cuando lo que toca es recoger y montar en la furgoneta—)… En cualquier caso, lo que sí es claramente adictiva es la descarga de adrenalina y de felicidad. Y en este caso, debo agradecer al público de Serón, en nombre de todos mis compañeros, su entrega y simpatía, su fuerza y su ánimo, sus ganas de pasarlo bien y de “aportar un granito más de arena” al granito que estábamos intentando aportar nosotros. Y como dice un dicho de mi tierra: “un grano no hace granero… ¡pero ayuda al compañero!”.

Por cierto, hablando de las tablas de los escenarios… Aunque en este caso no se rompió ninguna, sí estaban sueltas muchas de ellas (entre otras, algunas de las que pegaban al público). Y la fragilidad de las mismas no auguraba nada bueno si seguíamos saltando o bailando. Ya en alguna ocasión hemos tenido problemas por esto mismo, y han sido de dolorosas consecuencias (que afortunadamente no han llegado a más). Desde aquí pediría a todos los encargados de suministrar/montar escenarios, que pensasen que, a veces, mil watios más de sonido van a ser menos importantes que un escenario donde se pueda bailar, saltar o correr (la parte visual del espectáculo también tiene su mucha preponderancia, aunque sea una actuación musical); y que, en cualquier caso, un tobillo o una pierna o una muñeca rota, son mucho más trascendentales que otro foco en el puente. Por seguridad y por la calidad del espectáculo, mejor ser meticulosos con esto.

Tras la actuación, tuvimos el tiempo justo de tomarnos un refresco mientras intentábamos atender a quienes de vosotros nos quisisteis felicitar y saludar tras la actuación. Y rápidamente nos concentramos en desmontar las cosas y meterlas en la furgoneta. Me permito desde estas líneas sugerir a los encargados de la organización que le rueguen un poquito de paciencia al señor (por no decir el “Guardián de la Puerta” o el “Maestro de las Llaves”) que “custodia celosamente” el ascensor hasta donde se deja aparcada la furgoneta: entiendo que él tenga derecho a irse a casa y descansar; pero él no pareció entender que hay todo un equipo COMPLETO que desmontar, transportar hasta el ascensor y montar ORDENADAMENTE (si no, no entra) en la furgoneta. Y todo ello tras una tarde de hacer lo propio en el ensayo, kilómetros en el cuerpo, montar equipo en escenario, una larga sonorización de pié y atentos, media hora corta para tomar un bocata, y una actuación donde tratas de dejarte la piel. Él estaría cansado y con ganas de llegar a casa. Nosotros probablemente estábamos más cansados que él, con las mismas ganas de llegar a casa (a la que seguro llegaríamos horas después que él, tras muchos kilómetros de noche y tras desmontar parte del equipo en el ensayo a las tantas de la madrugada), y con otro concierto al día siguiente en Mérida.

En fin, como suelo decir, en esto de la música se cumple el lema “sic transit gloria mundi”. Al instante siguiente a los mejores aplausos llega la cruda realidad de recoger, carretera y manta. Pero unos aplausos como los del público de Serón, y esas ganas de pasarlo bien (aún con el frío que hacía, allí estabais con nosotros), merecen la pena.

Nos gustaría mucho volver, Serón. Sois geniales.

Recibid un fuerte abrazo de oso y… ¡Brindemos por la amistad!



Agustín, en nombre de todo Morrigane.

domingo, abril 02, 2006

DE NUEVO FUNCIONA NUESTRO LIBRO DE VISITAS

Estimados amigos:

Como veréis, tenemos nuevo libro de firmas. Por problemas relacionados con las contraseñas del libro anterior, tuvimos que retirarlo de nuestra web, e introducir este nuevo. Lamentamos que las firmas (más de 400) que se habían consignado hasta la fecha, se tengan que dar como desaparecidas. Os animamos a todos los que firmásteis en el ejemplar anterior, para que volváis a dejarnos constancia de vuestra visita.

Aprovecho estas lineas de bienvenida para recordaros que dicho libro de firmas no es un foro de información, discusión, etc... Para eso tenemos nuestro foro "Morrigane", en Yahoogroups. Por tanto, os pido que, si lo que deseáis es iniciar un debate o discusión referente al grupo; o recibir toda la información sobre nuestros próximos conciertos; o solicitar o exponer cualquier información referente a Morrigane, etc; lo hagáis por vía de nuestro Foro.

Para suscribiros al Foro, lo podéis hacer desde el enlace situado en la parte inferior de nuestra página de inicio. ¡Os animamos a que lo hagáis... Y a que lo utilicéis!

Pero precisamente para diferenciar el presente "Libro de firmas" del "Foro Morrigane", es por lo que os informamos que, a partir de ahora, cualquier mensaje insertado en el Libro de Firmas que no entre dentro de las características del mismo (es decir, realizar una salutación, que para eso sirve), será inmediatamente borrado.

Asimismo, os recuerdo que existe otra vía perfecta para expresar opiniones: la de este nuestro "blog" de la sección "Al día"; en el cual se pueden insertar comentarios a las informaciones y artículos aquí aparecidas/os. Pero os digo lo mismo que con el Libro de Visitas: los comentarios del blog sirven solamente para hacer comentarios a las informaciones aquí aparecidas.

Y de nuevo os hago hincapié en lo mismo (perdón por ser tan puntilloso y reiterativo, pero prefiero que quede claro ahora): para enviarnos un mensaje; para iniciar un debate o discusión referente al grupo; para recibir toda la información sobre nuestros próximos conciertos; para solicitar o exponer cualquier información referente a Morrigane; os ruego que lo hagáis por la vía de nuestro Foro. Venga, a ver si le damos "vidilla".

¡Sed bienvenidos de nuevo a nuestro nuevo Libro de Visitas!
¡Un abrazo de oso a todos!

Agustín, en nombre de todos los componentes de "Morrigane".